lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo 3.3 Cuando se prende la pólvora

  Comer donuts es una de mis aficiones favoritas. Me gustan tanto los de chocolate como los blancos. No me gusta que al de chocolate se le caigan trocitos y que el blanco deje los dedos pringosos, aún así, podría comer donuts eternamente siempre que lo de dentro está tierno; cuando los ponen duros como una piedra se los tiraría a la cabeza al primero que pasara. Pero hace mucho que no los encuentro, no los hay por ningún lado. Pasan cosas raras. Creo que a veces sueño despierta y lo veo todo blanco. Con olor a desinfectante, a lejía. Alguien me dice que no es un sueño, que es real, pero siento un dolor tan grande en el pecho que enseguida me despierto, es como morir y entonces acabar con ese dolor a golpes de realidad. No es que mi realidad sea mucho mejor, me sigo aburriendo, la gente me parece insípida y he visto demasiadas veces mi colección de recuerdos. Alquilo películas, leo, voy a la oficina, veo caras, como, duermo y tengo sexo. La mayoría de las veces con Alberto. Va bien. Me hace reír y cuando se me va la cabeza simplemente desconecto y le digo que he quedado, o que estoy en un curso, o lo que sea. No es que me atosigue a preguntas, y al tener tantas guardias me deja mucho tiempo libre, pero cada vez me reclama más. A veces discutimos. Me dice no sé qué de la soledad, de afrontar el hoy, de un nuevo despertar y empezar de nuevo. Creo que quiere ir más allá pero demasiado deprisa. Yo aún estoy buscando lo otro. Todavía no he podido robar las cosas. No he podido ir más allá con la sangre. Y la sangre es mía. Y van seis, creo. Pobres idiotas desmerecidos. Arrogantes y estúpidos. Los mataría otra vez si pudiera. 

  He comprado una tostadora nueva porque en casa se va la luz muy de vez en cuando. Está todo como mojado. Se me estropeó. ¿De dónde sale esta humedad? ¿Y si se me van estropeando todos los aparatos eléctricos? Ni tele, ni ordenador, ni cafetera, ni thermomix... A veces cuando toco las paredes se me mojan los dedos un poco. El infierno viene despacio, parece que te avisa o pasa alguna desgracia que te hace caer, pero no, el infierno viene despacio y susurrando. Lo moja todo poco a poco hasta que te empapas y ya nunca más vuelves a sonreír. Nunca más brillas. No es la falta de aire inicial, no, es la angustia sucesiva, creerme, y además el infierno se ríe en tu cara mientras tú lloras y te retuerces. Bah, de nada sirve sufrir, eso lo sabe todo el mundo. Pero lo que hay más allá del sufrimiento, lo indecible... pocos lo saben en nuestra parte del mundo. Cuando tus ojos se vuelven hacia dentro y solo pueden ver la negrura. Nadie lo sabe, nadie lo sabe... doctor... ¿por qué me hace esto? ¿Por qué? Yo quiero seguir encima de un hombre, yo quiero sentir sus latidos, y luego arrebatárselos...

—Ya lo sabes, ya ha pasado mucho tiempo... yo sé que es duro. Pero tienes que sobreponerte y seguir viviendo. Tienes que estar lúcida, ¿entiendes?
—El que no entiendes eres tú, ¿por qué tienes que mandar sobre mi estado de ánimo? ¿Y tú quién eres para decidir qué es lo mejor para mi? Sois todos unos hipócritas. Asquerosos. Yo no quiero esto, ¡no lo quiero! ¡No lo quiero! Déjame en paz de una vez. Vete.

  Y otra vez diariamente esos sueños de mierda me sacuden el alma como si fuera un polvorín. Qué asco de quebrantos. Esto no puede continuar. Se parece a él, ¿por qué será que se parece a Alberto? Tiene su cara. Y la bata. Faltan listas. Tengo que hacer más listas. Para que no se me olviden las cosas. Llenar la casa de listas por todos lados.

Lista de cosas que me gustaban de pequeña: —las tostadas de ajo de la abuela — el olor a leña mojada — el olor a leña quemándose — las vías del tren — los lápices de madera con la punta afilada — el espumillón de Navidad — la pared de mi rincón — la despensa de casa — los pájaros muertos en la jaula.

  Esos pájaros con las patas tiesas. Yo se las arrancaba. Luego los tiraba para que nadie los viera. Tenía pensamientos impuros a todas horas. Arrancaba patas de animales, compraba gomas de colores, dibujaba con sangre y madera, me cortaba mechones de pelo, leía todo tipo de cuentos de princesas, jugaba con Barbies y las maniataba, comía bocadillos de nocilla, odiaba el membrillo. Y ahora... me gusta el brócoli. Y uso lazos en la cama. Ahora quiero más. 

3 comentarios:

  1. La tostadora...nueva, porque se le va la luz?
    Escalofriante el último párrafo y muy significativo.
    Interesante capítulo!!
    Un beso Ana ;)

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  2. I have only noticed 3.3 today ! The movement of the mind is fascinating me, I recognise Fantina in my history.

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