domingo, 27 de noviembre de 2011

Ana Jones



Yo quería ser arqueóloga, de ahí que mi compañero de pupitre en el colegio me llamara Ana Jones, también me llama "Anomalía", pero eso no viene al caso.
Yo quería ser aventurera, viajar y buscar tesoros, conocer gente distinta, algunos malos, para darle emoción, yo quería un mundo aparte donde vivir. Y veía selvas y desiertos, pirámides y templos de piedra. Y un chico guapo claro, H. Ford era demasiado mayor para mis deseos románticos entonces. Prefería yo alguien más joven, luego no le hice ascos a Ford, ahora vuelve a ser demasiado mayor.
Dudo que los arqueólogos de hoy en día tengan todo eso que yo soñaba, dudo que existan muchos tesoros por descubrir, sí que visitar. Las aventuras se viven en cualquier sitio, depende de cómo uno se lo monte, puedes escaparte de casa y viajar 3 horas en autobús para ir a ver a alguien especial, meterte en jardines nocturnos y abandonados, puedes pasear por un bosque húmedo y oscuro sorteando ramas y áboles caídos, esquivando ovejas de colores, allanando el sótano de una iglesia gótica abandonada y descubrir decenas de cráneos de mojas muertas hace siglos, puedes coger un avión de ida y vuelta y pasear sola un día entero por esperar solo una mirada, puedes bajar barrancos intransitables, escribir cartas con "sangre", dormir a la interperie y ver las estrellas como nunca, montarte en un bus de línea y dar 3 vueltas enteras a la ciudad, tirarte de un trampolín de 10 metros de altura sin darte cuenta de lo peligroso que es, tener un blog, cantar en un karaoke,callarte algunas cosas que nadie debe saber, tratar de olvidar otras, hasta besar a una rana...si que soy un poco Ana Jones finalmente. Queda mucho por hacer y por vivir. La aventura implica riesgo, el riesgo implica valor, y se puede perder o ganar, pero intentarlo es lo importante. Me falta un látigo, un sombrero y unas buenas botas, acepto regalos y sugerencias.

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