miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tomorrow is December



"Mañana es diciembre" es trending topic en twitter.

Sacaré el gorro de lana que viene el frío, los mitones para no helarme por las mañanas, la bufanda para camuflar el vaho de mi boca. Todos tendremos zapatos y ropa nueva, hasta una colonia, las mujeres un bolso y los hombres, ya pasado de moda, una corbata. También tendremos libros nuevos. Todo para camuflar que faltan otras cosas que ni siquiera la navidad suple. Y vienen los buenos deseos, yo los tengo desde verano, buenos y bonitos deseos. Sacaré la artillería pesada para afrontar diciembre, entre polvorón y mantecado atisbaré miradas y sermones, los evitaré, me acurrucuaré en las risas fáciles. Entre juguetes y cordero pensaré que el año que viene empieza el día 1 de enero y que a partir de ahí, todo es posible. También todo es posible ahora. Pero si mañana es diciembre es trending topic será que a lo mejor, y solo a lo mejor, diciembre sea un buen mes y no por las fiestas. Desde luego es un mes de rojos, verdes y dorados. Hubo un tiempo que la gente lo disfrazó de blanco y morado, un pelín hortera, siempre será rojo y verde. Neonizado. Bombilleado. Saturado. 
Diciembre es la antesala de los buenos propósitos pero yo los tengo ya, empecé en ese hueco tuyo donde afloraron y salieron listas. Siempre hay un hueco donde somos mejores, ahí es donde empiezan, no con las luces y los regalos. Los buenos de verdad empiezan con sonrisas, ideas, proyectos, propuestas, trabajo, risas y constancia. Feliz diciembre a todos.

Sampedro y la educación


José Luis Sampedro dijo:

"La solución a largo plazo de todo es la educación, la preparación de los seres humanos. Ahí tendríamos que hacer progreso y desarrollo. Lo primero es que la gente razone y piense por su cuenta. Nos están educando al revés, nos educan para producir y consumir. Nadie nos prepara para ser más humanos, para ser mejores. Dicen que no hay alternativa, ¡cómo que no! Ser mejores en vez de tener más cosas. La alternativa es educar para ser mejores"

No puedo estar más de acuerdo con estas palabras. En el colegio no nos enseñan cosas básicas como no tenerle miedo a nada, no nos preparan para los golpes de la vida, ni a ser fuertes, no nos dicen qué hacer ante una crisis de cualquier índole, nos enseñan a ser competitivos (que no está del todo mal) pero no a ser realmente generosos, a compartir, no valen cuatros clases de ética o religión, hay que profundizar más. La vida, al fin y al cabo, es dar. Siempre dar. Y de momento lo que aprendemos es a retener y acaparar, el dinero, los amigos, lo material, con miedo a ir más allá, a salir de lo establecido, a darse un poquito más de la cuenta y compartir vida. Nos enseñan a vivir cómodos, no a ser más humanos como dice Sampedro, y deberíamos humanizar todo lo que hacemos, el trabajo, las relaciones, el día a día. Qué poco cuesta sonreir y ser amables. Dar es también una crítica a lo que nos parece mal sin entrar a juzgar ni a intentar convencer, dar sin esperar. Aportar. el otro día me decían "las personas están hechas para ser amadas y las cosas para ser usadas, la confusión en este mundo es que las personas son usadas y las cosas amadas".
Yo quiero aportar unas letras tontas para decir que hay que ser valientes y hay que quitarse una venda de los ojos, pues vienen muchos cambios que necesitan una mente en blanco para entenderlos, sino, nos quedaremos atrás. Y si hay que saltar, se salta. Y sí hay que educar, y no sólo a los niños. La educación empieza en uno mismo si se quiere aportar un granito de arena.

martes, 29 de noviembre de 2011

Dice una canción que con los pies frios no se piensa bien. Dice un dicho popular que "pies frios, corazón caliente". No sé si pienso bien a estas alturas, el corazón si lo tengo bien calentito, pero mis pies, a partir de Noviembre, están helados y no hay edredón, ni baño de espuma ni calcetines que los caliente.



Autorretrato


Soy gata sin tejado. Fiera. Ronroneadora nata. Saco las uñas y araño, sin mirar.
De niña cursi, adulta edulcorada. Optimista, soñadora, reina y zángana, tímida, arrolladora, valiente y chiflada, de fácil sonrojo, generosa y fiel, más terca que una mula, maniática, impaciente aprendiz de la paciencia, franca y redonda, serena de aspecto, agitada de mente, sagaz y curiosa, inventora creativa de escenas en mi cabeza, ingeniera de ideas excéntricas y geniales, voraz, incansable, tormentosa y atormentada, sensual, sensorial y servicial. Señora y ensoñadora, fantasiosa y fantástica, en definitiva, YO.







Y en días como hoy, con noticias como las de hoy, mejor quedarse mirando la pared y como dice Antoni, dejarse succionar por un torbellino negro y quedarse bobo un rato hasta no saber si se está a un lado o al otro.

http://www.teinteresa.es/sucesos/hombre-detenido-Francia-metiendolo-lavadora_0_599341487.html

Laberinto

Sin saber de tí y de mi, dice un refrán "es intentando lo imposible como se realiza lo posible".
Yo las puertas las cierro despacito, si las cierro, porque me gusta dejarlas abiertas. Tú eres un laberinto lleno de puertas, muchas con candados, pero yo soy un poco bruja, y cabezota, las que no pueda abrir las dejaré para el final, para las otras un poquito de maña y paciencia. Y daré vueltas y vueltas. Dormiré entre aguas, bailaré sobre pesares, tararearé a la incertidumbre, dibujaré sobre garabatos y fingiré no conocer lo que me duele.



Mientras, aprenderé a no perder mi rumbo. Lo necesito para manejar mi barco, al fin y al cabo, soy capitana de mi misma.


lunes, 28 de noviembre de 2011

A duermevela



A duermevela mi mente salta, lo mismo estoy contigo que me encuentro de repente en un paisaje muy recurrente en mis sueños desde hace años. Es una playa con un edificio de piedra en alto dentro de la arena, en la esquina hay una torre y detrás de la playa hay un desierto, voy mucho allí. Cerca hay un hotel donde la gente duerme masificada. 
Contigo he estado en una selva.
A duermevela mis ojos tienen un tic, y a veces vuelo, o bajo escaleras por la barandilla. Todo tiene más luz y es más brillante. También me han apuñalado y me he estrellado en un avión. Y he vivido varios maremotos en Cádiz. Nada es extraño porque conozco mis sueños, los vivo varias veces. Y a duermevela siempre hay momentos en los que crees que te estás levantando y te lavas la cara y aún duermes, intentas abrir los ojos y no puedes. Y es cuando puedo tocarte sin miedo, y tu piel se eriza, y tus ojos miran, y tu boca suspira, solo a duermevela.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Mi fantasma verde

Una vez vi un fantasma verde, como le temía, me planté en medio del pasillo con todas las luces apagadas y centré mi vista en él, al fondo, era verde fosforito, como soy miope y no llevaba gafas lo veía borroso, pero era barrigón, y a la vez viscoso y humeante. Se movía para asustarme y se hacía más grande, se acercaba y se alejaba y yo cada vez lo enfocaba más. Como no apartaba mi vista, hizo "puf" y se esfumó. Le estoy muy agradecida a mi fantasma verde. Luego me fui a leer a mi cama tranquilamente y soñé con con un tigre encima de un armario.

Ana Jones



Yo quería ser arqueóloga, de ahí que mi compañero de pupitre en el colegio me llamara Ana Jones, también me llama "Anomalía", pero eso no viene al caso.
Yo quería ser aventurera, viajar y buscar tesoros, conocer gente distinta, algunos malos, para darle emoción, yo quería un mundo aparte donde vivir. Y veía selvas y desiertos, pirámides y templos de piedra. Y un chico guapo claro, H. Ford era demasiado mayor para mis deseos románticos entonces. Prefería yo alguien más joven, luego no le hice ascos a Ford, ahora vuelve a ser demasiado mayor.
Dudo que los arqueólogos de hoy en día tengan todo eso que yo soñaba, dudo que existan muchos tesoros por descubrir, sí que visitar. Las aventuras se viven en cualquier sitio, depende de cómo uno se lo monte, puedes escaparte de casa y viajar 3 horas en autobús para ir a ver a alguien especial, meterte en jardines nocturnos y abandonados, puedes pasear por un bosque húmedo y oscuro sorteando ramas y áboles caídos, esquivando ovejas de colores, allanando el sótano de una iglesia gótica abandonada y descubrir decenas de cráneos de mojas muertas hace siglos, puedes coger un avión de ida y vuelta y pasear sola un día entero por esperar solo una mirada, puedes bajar barrancos intransitables, escribir cartas con "sangre", dormir a la interperie y ver las estrellas como nunca, montarte en un bus de línea y dar 3 vueltas enteras a la ciudad, tirarte de un trampolín de 10 metros de altura sin darte cuenta de lo peligroso que es, tener un blog, cantar en un karaoke,callarte algunas cosas que nadie debe saber, tratar de olvidar otras, hasta besar a una rana...si que soy un poco Ana Jones finalmente. Queda mucho por hacer y por vivir. La aventura implica riesgo, el riesgo implica valor, y se puede perder o ganar, pero intentarlo es lo importante. Me falta un látigo, un sombrero y unas buenas botas, acepto regalos y sugerencias.

Mi día de furia

Una vez tuve un ataque de furia, de ira. Sentí cómo el corazón empezaba a bombear sangre mucho más deprisa, cómo sentía ese dicho tan común de "me hierve la sangre"; me hervía la sangre, corría por mis venas con ganas de encontrar una salida inexistente. La cara se me puso escarlata, y los ojos tenían un brillo distinto. Estaba furiosa. Furia contenida, no podía hacer nada aunque tuviera ganas de romper algo o dar con mis puños en el pecho de alguien tan fuerte como para hacerle daño. Y quería gritar, oh sí, gritar tan fuerte que ahuyentara a todo el mundo a mi alrededor, gritar para soltar lo que llevaba dentro, gritar y quedarme ronca. Después de gritar quería llorar, con un llanto que da hipo y mocos, que no puedo controlar, cuando las lágrimas brotan sin medida y el rostro se empapa hasta quedar bañado y con sabor a sal. Llorar y gritar a la vez para soltar la adrenalina contenida de la ira. También era domingo, un día como hoy, soleado, bonito, de ratos familiares y paseos por el parque, un domingo aburrido como otro cualquiera, sin ninguna aventura ni sorpresa. No recuerdo porqué estaba furiosa, pero recuerdo la niebla espesa en mi cabeza y el humo negro rodeándome, las ganas de arañar, el ceño fruncido y los puños apretados. La ira es como un monstruo dentro de tí. Es peligroso. Sólo me pasó una vez y duró poco. Pero no se me olvida.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Sin nota



Dejó comida en la nevera para tres días. Compró espuma de afeitar y desodorante. Cambió las sábanas, las estiró mucho. Ordenó los libros y las películas. Los paquetes de cigarrillos quedaron ordenados en la cómoda del dormitorio y las zapatillas a los pies de la cama. Echó ambientador por toda la casa, con olor marino. Puso flores en un jarrón. Llenó la despensa de latas y picos, galletas y pasta. Repasó los pomos de las puertas con desengrasante. Ahuecó cojines y puso una manta en el sofá. Sacó brillo a los marcos de fotos y planchó todas las camisas y pantalones. Por si acaso, también compró una docena de calzoncillos nuevos y calcetines negros y marrones. Regó las plantas. La casa quedó limpia y ordenada. No notaría nada hasta que abriera los armarios. Metió sus cosas en una maleta y se marchó con un billete de tren en la mano. No le dejó ninguna nota, solo una foto de su ojo morado y su labio partido dentro del cajón de su mesita de noche.

Olores, yo huelo, tú hueles


El olor es importante en todo, y diferente para todos también, lo que les gusta a unos no les gusta a otros. Hay gente a la que le encanta el olor a gasolina y a mi no me gusta, pero si me gusta el de la pintura, por ejemplo. Ahora que estamos en otoño, me gusta el olor de las castañas y el de los avellanos. La leña y la tierra mojada. En la cocina me gustan casi todos los olores, creo que a nadie le gusta cómo huelen las coliflores cuando hierven. Pero todo lo demás sí, hasta vamos por la calle y diferenciamos olores, pensamos "en ese bar están cocinando pimientos o arroz o cocido".
En la calle Tetuán hay cinco metros donde huele a adobo, siempre, hasta tiene página en facebook "ese olor a adobo en la esquina de la calle Tetuán". Sea de noche o de día. Y también huele a incienso en otras muchas esquinas, demasiado incienso, sea Semana Santa o no, se te mete en la nariz y llega al cerebro, huele tanto que duele. Otras zonas de la ciudad huelen a caca de caballo. Y a orines de perro, y de no perros.
Y si hablamos de personas, todas olemos diferentes, y no me refiero al sudor ni al desodorante, creo que se llaman feromonas, somos animales al fin y al cabo, y el olor del otro nos atrae, sino no hay chispa. Y funciona, las feromonas son algo muy real, química pura. Es determinante para la atracción de la pareja. Eso dicen. Pero no puede ser detectado. Lo que lo hace más interesante. Otra cosa curiosa de los olores es cuando lo asociamos a un recuerdo, un momento, una casa, eso nos pasa a todos. Si yo huelo pegamento tengo un flashback a mi niñez haciendo deberes, recortando y pegando papeles en una tarde lluviosa. El ajo me recuerda a mi abuela, que me hacía tostadas de aceite y le restregaba un ajo. Una marca de tabaco me recuerda a una persona especial, un detergente de ropa a otra. Y así todo. Miles de olores que nos llevan o hacen recordar a personas o situaciones. Y quien no haya leído "El perfume" de Patrick Suskind, que lo lea.
Y de paso digo que los olores que mas me gustan aparte de los nombrados de otoño son:
la canela, el curry, la madera, una rosa, el coco, el rocío, ese frescor de la mañana, las mandarinas, el eucalipto y el pino, la yerbabuena, lis libros nuevos, los coches nuevos. Ya se me ocurrirán más...

Buenos días, good morning

Buenos días mundo,

no es que sea yo muy fan de Lady Gaga pero esta canción me ha animado la mañana. Que tengais un estupendo viernes.


Una guerrera



Soy una guerrera que camina por una vereda tranquila, muy despacio. Mi sol brilla más que nunca, me persiguen las sombras. Si me alcanzan, me enfrentaré a ellas con mis armas. Y brillaré más. Soy ariana, no te asustes de mi sol, soy impulsiva, luchadora. He venido para aprender de tu paciencia, para equilibrar mi luna con la tierra. Me llama la tierra roja. Cuando aprenda seré heroína, cuando mire dentro de mí podré gritar lo que tengo que decir al mundo. Seré la voz, me escucharán. Viviré al lado de los débiles para enseñarles valor. Voy despacio por un camino lleno de flores. Me esperan otras sendas que recorrer. No estaré sola.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Cinco minutos



Hace dos semanas paseaba de noche con mi amiga la alemana y fuimos a dar a una plaza muy conocida y concurrida de Sevilla. Para mi sorpresa, apenas había un par de parejas sentadas en silecio. La luz anaranjada de las farolas, el lateral de la Catedral iluminado con algunos murciélagos revoloteando, las murallas del Alcázar oliendo el jazmín que tenían debajo...y un señor tocaba la guitarra sentado en un escalón, una melodía tranquila. Fueron cinco minutos antes de que se rompiera esa quietud, ese instante, pero qué cinco minutos. Cosas que no vienen en guías de turismo.

Decisiones con el viento



La ciudad de la luz no dormía aquella noche. Cientos de hojas del periódicos revoloteaban al compás del viento. Las luces parpadeaban presagiando un cambio y las personas caminaban sin rumbo buscando la mirada de ojos conocidos. Los barcos del puerto chocaban unos con otros a la par que los perros aullaban asustados. El hombre alto miraba el horizonte pensando una razón para llamarla. Estaba aislado de los ruidos y el barullo a su alrededor, su pulgar acariciaba su nombre en la fría pantalla del móvil. Sus ojos oscuros retenían el verde de su mirada y la blancura de su piel de aquella vez que la vio. La luz de su nombre era tentadora. La llamaría, o no. Quería llamarla. Oír su voz, olerla. Le apetecía ver las hogueras con ella y preguntarle lo que tanto tiempo había evitado. Solo esperaba que no fuera tarde.

Limbo de palabras



Entre letra y letra se me escapa algo, no consigo saber qué es, no hay palabra mágica, pero algo se escapa que no llega, hay un limbo en ese espacio antes de darle al enter donde van a parar todos los pensamientos que no quieren llegar a ser palabras, porque, quizá, quieran ser mostrados de otra manera. Son esas sensaciones que no alcanzan la boca para expresarse ni los dedos para ser plasmadas eternamente. Espacios que parecen en blanco, pero que son lo contrario, emociones, y las emociones no siempre pueden tener una forma, son como olas que se disuelven y se vuelven a formar.

Con la mano abierta



El cuenco de los cereales se hizo añicos al chocar contra el suelo. Él bajó corriendo y yo me levanté asustada. Miró la leche derramada y la loza rota, con la mano abierta el golpe en mi cara sonó sordo y las lágrimas brotaron. Usó las páginas de periódico para limpiar lo que pudo. Ella, al oír el llanto bajó también. Sus gritos histéricos estallaron en mi cabeza y sus dos manos agarraron mis hombros zarandeándome. Corrí escaleras arriba y él alcanzó mi pie. Caí. Patadas. Me zafé y me escabullí por la ventana del baño con el labio partido. En la calle apenas podía caminar, iba cojeando. Dos señoras me pararon y yo les expliqué lo ocurrido pidiendo auxilio, pidiendo que me llevaran con mi madre. – No podemos hacer nada – dijeron. – Él es tu padre, vuelve a casa niña, y lávate-.

La carta, finalista concurso microrrelatos del Diario Información



Berta escribió una carta de amor como las de antes, a mano, muy centrada en la caligrafía. Quería ser profunda y sincera. La carta era bonita, estaba limpia, solo la mancha de una lágrima caída hacía un pequeño borrón al final, justo al lado del "te quiero". Le puso un sello y la echó al buzón. Luego se sentó en un banco del parque a leer el periódico INFORMACIÓN. El cartero dejó la carta en el buzón dos días después. Al verla Guillermo tembló. No sabía si de emoción o de miedo. Se sentó a leerla con paciencia. Vió la lágrima y eso le entristeció. leyó la carta cinco veces, sintiendo cada palabra. Al terminar se quedó con la mirada fija en un punto en la pared y tomó tres decisiones: afeitarse, comprar atún para la cena, y amarla.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Historieta de la playa


Con 14 años viajé sola a México, corría el año 1993. Qué valor, allí me esperaba una amiga con su madre. Como buenas anfitrionas me llevaron a muchos lugares, entre ellos Cancún, o guirilandia, aunque en aquella época no lo veía con claridad, realmente solo recuerdo una gran iguana verde en una piedra gris y al fondo un hermoso Mar Caribe con nubes de tormenta. Íbamos del hotel a la playa y de la playa al hotel así que no conocí la ciudad, ni falta que hacía, sí conocí un sitio muy bonito llamado Xel-Ha donde buceé con peces de colores y me hice un amiguito de 10 años, un chamaquito, tan lindo él. Bueno, la historieta, yo estaba sola en el agua, en ese Mar tan transparente y cálido cuando ví a unos dos metros de mí mar adentro una niña de unos 7 años que braceaba mucho. Me acerqué y le pregunté en mi español tan españolizado si le pasaba algo, no me entendió, probé otra frase intentando enfatizar el acento mexicano, -¿no puedes salir? - le dije, no sé si me entendió porque estaba asustándose por momentos, así que le cogí de la mano y tiré de ella. No sé cómo pasó pero de repente dejé de tocar pie y el agua se arremolinaba, con razón no podía salir la chiquilla, así que yo tiraba con todas mis fuerzas de ella y de mí, que no era poca cosa; en mi lucha contra el agua atisbé la orilla y me asombré al ver un gran grupo de personas mirándonos directamente. Wow, pensé, como haya tiburones cerca por aquí se lía gorda. Yo seguía tirando del brazo de la pobre niña. Solo esperaba que hubieran llamado a esos tipos tan buenorros con bañadores rojos para salvarnos, pero no, en un segundo llegó un señor que me quitó a la niña de la mano y se la llevó sana y salva a la orilla (a mí no). Y allí quedé yo haciendo el ridículo mientras todos me miraban, mi amiga con cara de desesperación. El agua tiraba tan fuerte hacia atrás que comprendí en un segundo porqué se ahogaba la gente en el mar. Y como pude salí. Y la masa humana se desvaneció, quizá decepcionados por un espectáculo tan corto y con final tan soso. Y yo quedé cansadísima después de tanto esfuerzo caray. He de decir que a los diez minutos se acercó el padre de la niña que nunca supe como se llamaba a darme las gracias. No he vuelto a Cancún, pero si lo hiciera, no paso de la orilla.

martes, 22 de noviembre de 2011

Cosas que me dan miedo


- Me da miedo montar en avión, pero me subo, y sola muchas veces. Despegar me pone de los nervios, pero aprieto las manos fuerte al asiento o me tapo los oídos
- Me dan miedo los rascacielos o espacios altos, vértigo, pero me subo, o me asomo
- Me dan miedo los teleféricos y ascensores, pero me monto
- Me da miedo la oscuridad, y cuando me quedo sola, apago todas las luces y me quedo muy quieta en la cama
- Me da miedo la soledad, y aún así he tomado una decisión que me lleva a ella
- Me da miedo perder, y sigo arriesgando
- Me dan miedo los fuegos artificiales, pero verlos es precioso
- Me da miedo el color pardo que se pone en el cielo a veces
- Me da miedo caminar de noche por sitios oscuros, a veces es irremediable
- Me dan miedo las casas abandonadas pero me puede la imaginación y curiosidad
- Me da miedo la inmensidad, pero es fascinante
- Me da miedo el dolor, pero no puedo meterme en una burbuja
- Me dan miedo algunas personas, y sin embargo, siempre hay algo que aprender de ellas
- Me da miedo no ser suficiente
- Me da miedo...

Equilibrio absurdo



¿Hasta qué punto es patético sonreir y querer aparentar estar bien aunque por dentro estés mal o autocompadecerte y dejarte arrastrar por la pena - ansiedad - inseguridad? ¿Dónde está el límite entre uno y otro? ¿En qué punto está el equilibro de tener una buena actitud ante los problemas y llorarlos para desahogarte?

Microrrelato matemático



Una organización puso en marcha un concurso de microrrelatos matemáticos, tenía que ser así: 20 palabras que tienen que cumplir el requisito que el número de letras de cada una coincida con la cifra correspondiente del número Pi:    3  1  4  1  5  9  2  6  5  3  5  8  9  7  9  3  2  3  8  4
Es dificilísimo ¿verdad? Ejemplo:

Vas y eres a voleo salteador de amores ajeno que nunca pensaste encontrar romance verdadero con mi voz gimiendo tuya.

A ver los vuestros.

Lírica popular


En los largos viajes de mi infancia en coche sin aire acondicionado y seis hermanos en la parte de atrás recuerdo aún las canciones de casete que sonaban en la radio. Las que ponía mi padre, las mismas que ponía los domingos por la mañana cuando nos depertaba con los coros de canto gregoriano y luego nos deleitaba con temas tan folklóricos (¿por qué folklore es con "k"? no lo entiendo) comos los de Jarcha, Mocedades, Joaquín Diaz, Nuevo mester de juglaría y otros grupitos afines. hay algunos temas que se grabaron a fuego en mi memoria infantil , claro, pongo algunos ejemplos:

- En el hospital de Cádiz, estando yo de enfermera...no sé si la conocéis pero trata de un soldado que se libra de la guerra porque se casó con una chica muy guapa, le enseñó la foto al capitán y lo dejó irse a casa. Qué iluso.  
- Pepito subió a la vía por ver si venía el tren, el tren venía con violencia y Pepito fue a caer. Quiero resaltar esta canción. Esta canción ME LA CANTABAN DE PEQUEÑA. Luego vienen estrofas donde dice "cuando el maquinista vio la via llena de sangre corriendo puso un letrero que venga su padre y su madre" o  "si no me puedo curar que me peguen siete tiros" o "mientras tu te estés comiendo el cocido de tu suegra a mi me estarán comiendo los bichitos de la tierra". Ahí queda eso. Fatástica canción infantil. 
- Romance de Isabel: habla sobre cómo un caballero secuestra a una niña y ésta se suicida clavándose un puñal en el pecho. Empieza "En Madrid hay un palacio al que laman de Oropel y en él vive una señora a la que llaman Isabel".
- Romance de Catalina, tampoco tiene desperdicio, dice : En Cádiz hay una niña que Catalina se llama...su padre era un perro moro, su madre una renegada...todos los días de fiesta su padre la castigaba...mandó hacer una rueda de cuchillos y navajas..." Vamos, que la mató y luego bajó un ángel del cielo.
- San Antonio, ésta me gustaba y le tengo especial cariño a San Antonio y sus pajaritos: ..."cuando se ausentó su padre y ala Iglesia se marchó, Antonio quedó cuidando y a los pájaros llamó...venid pajaritos, dejad el sembrado que mi padre ha dicho que tenga cuidado..."  
- En el barranco del lobo, esta canción me daba pavor y me ponía los vellos de punta: "...Melilla ya no es Melilla, Melilla es un matadero, donde van los españoles a morir como corderos...pobrecitas madres, cuanto llorarán..."
- Y la canción de Adela, más triste que "ná": Madre qué linda noche, cuantas estrellas, ábrame la ventana que quiero verlas..."

Esto es lírica popular española, hay muchos más ejemplos. Yo a mis hijas les he cantado como mucho ea la nana y otras cosas inventadas o canciones mucho más edulcoradas, tipo "el lobito bueno" o "el ratoncito" o cualquiera que hable de animalitos.



Entre paredes


Hoy me levanto, café, tostadas, miro la pared, calcetines gruesos, voy descalza por casa, y me siento delante de la pantalla, lo primero, leer periódicos, twitter, facebook, mail, estalla la información por todos lados, demasiada información, imposible asimilar todo. Sigo bebiendo café y me tomo un paracetamol. Estoy despeinada claro, qué mas da hoy. Ducha, jabón y el agua corre, sigo mirando la pared. Dudo entre vestime o ponerme pijama. La escoba me llama y la miro de reojo. Papeles que ordenar, mails por mandar, formularios que rellenar. Y sale el sol. Terraza. Pies arriba, cara arriba, calor. Ya estoy mejor. Hoy la música me machaca el corazón así que la evito, deberes que hacer, pensamientos que pensar, camiseta del revés, qué torpe. Hoy no leo, huelga de letras, miraré un rato más la pared y luego pensaré. Aún tengo un sueño en mi cabeza de esta mañana, parejas cruzadas, un bebé chino vestido de rosa, una playa de noche y las olas rompiendo con violencia. Raro. No ha sido el mejor sueño. Y descubro los nanorelatos. Y no me corto los dedos, los dejo crecer. Luego me arrepentiré. Da igual. La pared sigue estando ahí para mirarla cuando me quede boba.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Divagaciones anuales


Y en un año hablo alemán y gaélico, conozco el bar de Kiko y la nube, aprendo a decir Jeesus en irlandés y porca troya en italiano, me enseñan el Picalagarto y el vino, dibujos y juegos, limpiezas hepáticas y charlas místicas, manejo Indesign y retoco en Photoshop, me planteo montar en bici, duermo ocho horas diarias del tirón, descubro la yuca, me dejo el pelo largo y empiezo a usar rímel, subo cafés, salto en los charcos y me mojo bajo la lluvia, ignoro a algunos idiotas, le hago caso a otros, aprendo a escribir kilovatio abreviado y uso expresiones como vatio pico, pleitos o dolo o imputabilidad y  evito charlas de patio, vuelvo a bailar sevillanas, voy a la Alameda, subo por los tejados, me baño en el mar, vendo una foto, me dedican una foto, conozco secretos...luego todo se esfuma, y llegas tú, y me vuelves del revés. Y ahora, como en el espacio, el tiempo se ha detenido y solo floto...y miro alrededor sin alcanzar lo que hay delante de mis narices,   porque
t o o o d o            se           m u e e e e e e v e e             t  a  a  a  n  n                l  e  e  e  n  n  n  t  o  o  o.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Midori


Midori es un personaje del libro "Tokio Blues" de Haruki Murakami

Midori es una chica que sufre por dentro, pero siempre sonrie por fuera. Midori se siente sola, pero habla con todo el mundo. No tiene pelos en la lengua. Conoció a Watanabe y tomó la inicitativa

Le habló,
le acompañó,
le pidió,
le buscó,
le comprendió,
le escuchó,
le contó,
le esperó y
le amó.

Midori quería que la quisieran, pero no se puede forzar a nadie a amar, así que poco a poco se metió en su vida, con pequeños detalles, gestos, con pequeñas sonrisas, y siempre con sinceridad. Midori también se enfadó con Watanabe, porque la mujeres siempre tenemos un puntito de impaciencia y los hombres tienen un puntazo de torpeza. Les cuesta entender, ver o leer entrelíneas. Pero Midori esperó y es de esas personas que no guardan rencor en su corazón.
La conversación que más me gusta entre Midori y Watanabe es:
" Soy una mujer de carne y hueso. -Midori presionó su su mejilla contra mi cuello-. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco con lo que me dejó mi padre. ¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.
- Necesito tiempo -dije-. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora es lo único que puedo prometerte.
- Pero yo te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto?.
- Sí.
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo. 
- Te esperaré. Confío en ti -accedió-. Pero cuando me elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte?
- Perfectamente.
- No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.
La atraje hacia mí y la besé."

Midori creyó. A buen entendedor...

Comidas irreflexivas


Las familias de izquierda almorzarán hoy juntas y la broma será: - qué, ¿ya has votado a Rajoy?
Las familias de derecha almolzarán hoy juntas y la broma será: supongo que ya has votado a Rubalcaba (o Cayo). 
Luego ambas familias comerán pollo o arroz, que es muy típico de los domingos, quizá tortilla de patata o si quieren celebrar algo especial, algo más elaborado y autóctono como puede ser un gazpacho de mero por el Levante o un puchero con su pringá en el Sur. Muy ligerito todo, para seguir debatiendo sobre el futuro del país.
Ambas familias pondrán verde a los verdes (si son los de derecha) o a los pijos fachas azules (si son los de izquierda). Yo ya dije que todo está "topificado". Ambos creen que los del otro lado son de una manera y ya está. No hay errores, ni matices. Lo bueno es que cada uno podemos votar a quien nos de la gana. Y la risa todavía es gratis.Y entre pan y salsa, en la tele no hablarán de otra cosa, y las familias alzarán el tono, algunos hasta discutirán, porque en ambas familias siempre hay una "oveja negra" que va un poco a contracorriente y algo tiene que poner en duda.
Durante un par de días evitaremos mantener una conversación de más de dos minutos con amigos o allegados que sabemos que son del "otro bando". Tanto si gana nuestro votado o no. Porque todos sabemos de qué pie cojeamos cada uno.  Aunque siempre hay graciosos que se jactan y meten el dedo en la llaga empujando a ver si pica. Y claro, entonces ese amigo o ese allegado no nos hablará en una buena temporada.
Por la noche los ganadores se irán a celebrarlo, y botar lo que han votado y estarán felices. Los otros se quedarán en casa maldiciendo España y pronosticando un futuro aún peor del que tenemos, ojo, que ésto vale para todos los bandos, aunque practicamente sepamos quién va a ganar.
Así que mejor no preocuparse demasiado porque dentro de 4, 8 ó 12 años volverán a ganar los otros y nosotros seguiremos yendo los domingo a comer en familia.  Así que buen domingo y que aproveche el filetito "empanao". No seais demasiado duros juzgando a los otros.

PD. He evitado la palabra escrutinio en este post porque es muy fea y además no la sé conjugar.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La mirada creciente


Manolo era un niño doblemente moreno. Inquieto y travieso, tenía la cabeza llena de colores. Se le quedaron pequeños los papeles y comenzó a imaginarse grandes lienzos en paredes o por el contrario imaginaba grandes tesoros en esquinas diminutas. Y así empezó a crear, y no supo parar. Y ahora llena de colores la vida de otros y crea sus propios mundos para quien se quiera adentrar en ellos.
Como ya no es un niño prefiere que lo llamen Manuel, aunque intuyo que Peter Pan le ronda a menudo.
Un día pintaba algo de naranja y azul, quizá un atardecer algo psicodélico, y se le acercó una chica de ojos sonrientes, Celia, con su objetivo a cuestas. Y ya se mezclaron colores y píxeles, pinceles y negativos, óleos y contraluces. Y hubo tal explosión que nació algo que no paraba de crecer y crecer, se expandía y lo inundaba todo de luz. Así fue como nació "La mirada creciente".

Talleres para mayores y niños donde crean "creatividad" y nos aportan arte y belleza.



Web de La mirada creciente

Puesta en marcha

Mira — ¿dónde? — aquí — no lo veo — AQUÍ, mira bien — ¿ese hueco tan chico? — sí — no parece gran cosa — lo es, mira bien — no veo nada — no estás mirando — si miro — tócalo — no — ¿por qué? — me da grima — está tibio, tócalo — sí es tibio — te lo dije — tenías razón — claro, como siempre — ¿y ahí cabe todo? — sí — es increíble ¿cuántas personas han pasado por ahí? — muchas, y las que quedan — ¿y tienes para todos? — sí — ¿y todos los recuerdas? — sí — ¿y los que se fueron? — siguen ahí — vaya — tú también tienes — ya, pero no lo suelo pensar — no es necesario pensarlo — ¿yo estoy ahí dentro? — sí, para siempre — ¿lo tapo ya? — tápalo — es mejor que el corazón no se enfríe — cuando se enfría es difícil ponerlo en marcha — el mío está frío — lo sé — te va a costar — lo sé — bien.

Me voy


Hoy cojo mis maletas , me voy a otra parte
ya me cansé de tanto esperarte, 
me voy a la China, me voy a la luna
mis maletas pesan, están llenas de sueños
de dolor, de ansiedad, de miradas sin hablar.
Me voy sin ti, que no quisiste venir
me voy a buscar una mañana
donde no te murmure buenos días
me voy buscando noches
donde no te lance un beso
todo mi equipaje va en mi maleta
todo lo que importa está en mi cabeza.
Me voy a coger el tren
miraré de reojo por si quieres subir
tendrás que apresurarte
pero me voy, me voy
tengo que seguir, no puedo parar más
tengo que volver a sonreir.

En tránsito


Según la RAE "transitar" es:
1. intr. Ir o pasar de un punto a otro por parajes o vías públicos.
2. Viajar o caminar haciendo tránsitos.
Lo cual no es mucho, lo que comúnmente sabemos es que estar en tránsito es estar esperando algo, o yendo de un lugar a otro.
Esto viene porque hace una hora bajaba la escalera del metro para ir a la parada del autobús, y he pensado: -vaya, estoy en tránsito- mientras miraba a todas las personas cabizbajas y apresuradas que se encontraban como yo, en tránsito.
Es curioso que apenas utilizamos esa expresión cuando es algo que ocurre en nuestras vida a diario, esperamos para todo, no sólo en la cola del supermercado, el teatro, el cine, el médico o el bus. Incluso cuando publicamos una entrada en nuestro "poco transitado" blog (al menos el mío) estamos en tránsito/esperando, ávidamente, un lector casual.
Cuando estamos en paro estamos en tránsito/esperando una nueva oportunidad para dedicarnos a otra cosa, o eso esperamos "transitando" nuestra impaciencia.
Cuando acabamos una relación estamos en tránsito para empezar otra, siempre ilusionados con volver a sentir esas cosquillas que "transitan" nuestros costados con una mirada o un roce anhelado.
Siempre estamos "en tránsito" de algo. Hasta las nubes transitan nuestras cabezas camino de desvanecersescon algún viento que sople más fuerte. La vida en sí es un tránsito. Qué extraña palabra.
Tránsito también es un nombre de mujer usado en América. No sé a quién se le ocurrió, es como decir, has nacido, ahora eres una simple alma en tránsito hasta la hora de tu muerte, que no se te olvide que eres efímera.
Al fin y al cabo tránsito es cualquier cosa o persona o situación que empieza en un punto A y termina en un punto B.

Descreída


Hace más o menos un año que sufro transformaciones en mi cuerpo y en mi espíritu/mente/alma.
Creo que ya no creo en el Credo. Todo tipo de organizaciones, reuniones, mítines religiosos, políticos, de autoayuda o cualquier índole me dan escalofríos. Antes creía que la unidad hacía la fuerza. No digo que no sea así, pero me estoy volviendo descreída. Leí un artículo de Stephen Hawking, ni siquiera recuerdo de qué iba, de física claro, o de agujeros negros, pero de repente me encendió una bombilla y ya nada volvió a ser igual en mi interior. Antes había leído otros escritos de este señor y no había tenido transformación ninguna. He estado algo inquieta desde entonces, con mi bombilla encendida, pero también me sentía más desprotegida. Y miraba/miro a las personas de otra manera. Ya no soy la misma. Aún no sé si es bueno o malo. Descreo de los de derechas y sus procesiones, gominas, rosarios y botos rocieros, tambíen descreo de los de izquierda resentida con argumentos intolerantes. Todos son intolerantes, unos y otros. Descreo de la religión colectiva sin fundamentos y descreo del ateísmo convencido porque sí. Mejor tener dudas. Descreo de muchas profesiones tales como periodistas del corazón, futbolistas, toreros, marqueses o los que inventaron "el día de...cualquier enfermedad, pariente, festividad etc". No creo en el dinero (quizá porque ayer no me tocó la lotería) y de cómo sólo se puede vivir pendiente de él.
Cuando miro las estrellas o un cielo abierto por la noche, sí creo, pero no sé en qué...¿intuición, esperanza, arrojo? Incluso rezo...a veces...creo. O a lo mejor hablo conmigo misma. Ni siquiera sé si existe la palabra descreer, pero ya dije que me gusta inventar palabras. Sea como sea, no he dejado de creer en las personas, que es lo único que sabemos que es real.

Deberes 2: el atardecer más triste que recuerdo

El atardecer más triste que recuerdo fue en un portal, refugiándonos de la lluvia de un domingo de diciembre hace quince años. Recuerdo el frío y mi dolor. Yo llevaba un jersey grande, con muchos colores. El cielo con nubarrones donde se colaba alguna veta anaranjada. Tus ojos clavados en los míos, tus manos aferradas a las mías y tus labios decían no. Ese atardecer fue el más triste, fue tu adiós, tu despedida. La humedad en mi pecho, las lágrimas que querían salir. La garganta seca. Y el sol se esfumó llevándote con él. Y esa lluvia de ese atardecer triste se quedó conmigo.

Me gusta

Me gustan las pelis de los 80 y 90. El manga y los dibujitos redondos. Me gusta la risa que te hace llorar, tan poco frecuente, que te hace daño en el estómago. Me gusta el humor negro y la ironía. Me gustan los Snickers, y la coca cola light. Me gusta leer en la cama y cuando se me cierran los ojos con el libro abierto. Me gusta mirar a la gente a los ojos, y siempre, siempre, sonreir. Me gustan los juegos de palabras y los hoteles, las sábanas tan estiradas y los desayunos. Me gusta la bruma mañanera y me gustan las estrellas tan poco visibles ahora. Me gusta cuando un niño se ríe sin complejos. Me gusta la inteligencia y las ganas de sobresalir en algo. Me gustan los detalles, las insinuaciones y el valor. Me gusta tu mirada. Me gusta cocinar verduras y el olor a tierra mojada y castañas. Y el de la pintura. Me gusta el salmón y la calabaza. Me gusta la madera. Las fotos antiguas. Los pendientes pequeños. Dibujos e ilustraciones. Me gustan las letras. Mi sofá. El olor a coco de las cremas de verano. Me gusta el Atlántico porque está más frío. Los chamanes. Las miradas sin palabras. Me gusta ser mirona y curiosa. Me gustan los baños de espuma. La soledad escogida. Los paseos contigo. Me gustan un par de zapatos nuevos y un lunar en mi espalda. Esa chuche con forma de corazón y sabor a melocotón. Las tormentas con rayos. Me gustan las sorpresas y los gestos pequeños. Me gusta inventar palabras.

No me gusta

Nunca me han gustado los circos, ni los payasos. No me gustó de pequeña Alicia en en país de las maravillas, ni Pinocho, ni 101 dálmatas. No me gustan algunas sensaciones de soledad, no me gusta cuando se me acaba el atún o las galletas o picos, no me gustan los aviones, ni la melancolía en exceso. No me gusta la incultura sin propósito de enmienda, ni me gustan las palabras al aire. Detesto la cobardía de los hombres. Ni la desconfianza. No me gusta juzgar, ni los lazos de cualquier color, ni la tónica, no me gusta lo amargo. Odio los piojos en los colegios, darle besos a niños ajenos porque sí, cuando ellos lo detestan. Nunca me gustaron las botellonas, ni los cotillones. Soy cursi a veces, y no me gustan los cúrsiles. La ñoñería barata sin sentimientos. No me gustan las cabalgatas, ni siquiera las de los Reyes Magos. No me gustan los mimos de la calle, No me gusta esperar sin saber. No me gusta no entender. Ni morderme las uñas. Ni el tiramisú. No me gusta el ridículo. Las aceras sucias de cigarrillos y cacas de perro. No me gusta dormir con alguien ni en casa de nadie a no ser que yo lo decida si es alguien especial. No me gustan las antenas ni los cables. No me gustan los cuadros oscuros. Ni las figuras de porcelana en general. Ya no me gustan las fotos de boda, ni los marcos de plata. No me gusta llamar la atención. Ni las multitudes. Ni el olor a fritanga. No soporto el olor a gasolina ni a hierrba muy mojada. No me gustan las novelas rosas de kiosko, ni las acedías. Y no, no me gusta, nada, tanta distancia.

Genialidades

Genialidad es:
- no ser uno de los 12 millones de espectadores que vio el debate y tragarme una nueva serie definida como thriller psicosexual
- darse cuenta que los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos
- poner empeño sin enfadarse
- aprender a decir no
- descubrir a alguien inesperado
- tener paciencia con los miles de anuncios de juguetes
- sentir frío después de tantos meses
- despertarse sin esa espina clavada
- reirse de uno mismo
- leer un libro de 1193 páginas
- un café con espuma a media tarde
continuará...

Nubes de lluvia


Desde mi balcón veo venir nubes negras, sentada, con los pies en alto, miro, solo miro. El aire es helado y no llevo calcetines. Dos gotas caen en mis dedos. Solo una bufanda me abriga y un chocolate humeante calienta mis manos. Una pareja se apresura a resguardarse en un portal y ríen. Los charcos comienzan a formarse en el suelo.
Desde tu ventana sigues observándome. También tienes una taza entre las manos. Sonríes y con un gesto me pides que me levante. Me miras y murmuras algo. Te vas. Mis pies insensibles se empapan y recojo. Mañana volveré a mirar.

Vacaciones

Hoy todos os habeis ido de vacaciones, vacaciones del blog, vacaciones del chat, vacaciones del email, de la fibra óptica en general. Recuérdame cómo eran esas vacaciones sin saber de tí, cuando la impaciencia se medía por meses, no por horas o minutos. Cuando el no saber te picaba y animaba, pero no angustiaba ni ansiaba. Recuérdame cómo era antes, cuando una carta se preparaba con mimo, y se reescribía, se hacían bolas de papel que iban a la papelera, y vuelta a empezar, sin borrones. Cuando la imaginación volaba más que ahora y te permitía tener más sueños, más ideas.
Lo único malo es que no había tantas posibilidades, ahora se multiplican por miles. Posibilidades de todo tipo, pero sin fondo a veces. No sé dónde me quedo. Yo también me iré de vacaciones algún día, sin rumbo. Buscaré caminos angostos para dar contigo. Y miraré debajo de las piedras. Y tendré un blog etéreo, y escribiré cartas. Y a lo mejor...a lo mejor...me encuentro.

Aquel beso...


Aquel beso fue inexistente, un deseo sin cumplir, un sueño inacabado, un viaje malgastado, un paseo interminable, nueve horas de soledad, un escrito con borrones, una espera sin llamada, agujetas caminantes, un llanto contenido, un gesto de incertidumbre, una curiosidad al vuelo, una esperanza latente, una playa ventolada.

Tú al otro lado, tú y tu sonrisa, tú y tus papeles, tú tan mental.
Yo al otro lado, yo y mis temores, yo y mis escritos, yo tan pasional.
Vienes y vas, hola sin más, me miras y ves mis ojos tras el cristal.
Y yo miro y observo, miro y te veo o intento ver, que hay algo más
que no quieres sacar.
Y un final que está por anunciar, que no está escrito hasta que podamos
caminar al mismo lado de la ciudad.
¿Será o no será? Qué importa si lo que me das ha sido un regalo
que no podré olvidar. Qué importa si lo que te doy ha sido un regalo
que ya olvidarás.

De paro y otras cuestiones


Ahora que estoy en paro, dormir cuesta un poco más. Y aunque somos cinco millones de personas no se hace realidad el refrán de mal de mucho, consuelo de tontos. No consuela. Lo que está claro es que todo el mundo es negativo, queda lo peor, no vas a encontrar nada porque no hay nada, que época más difícil nos ha tocado vivir...y digo yo, que algo habrá que hacer ¿no? ¿o tengo que dejar que el banco me quite mi casa llegado el momento? ¿me siento a esperar que me llueva algo del cielo? he preparado mi humilde currículum y mis cartas de recomendación y allá voy yo mandándolo a todo el mundo. Y apuntándome a todos los cursos interesantes que pueda. También entra el gusanillo de montar algo propio, pero eso es muy difícil y siempre hay que hacer una inversión. Ahora es cuando la gente se reinventa, pero reinventarse no es un botón que tocas y todo sucede, tiene un proceso. Por supuesto siempre están esos amigos que te dicen: seguro que encuentras algo y mejor...jajajaja...¿de verdad se lo creen? o - ahora tienes más tiempo para estar con los niños- claro, es genial pasar toda la mañana sin hacer nada, se te cae la casa encima, sales a la calle y ves gente de un lado a otro, desayunando. Y en infojobs solo hay ofertas de telemarketing o comerciales a comisión o informáticos.
Y hay historias verdaderamente trágicas y puedes pensar que realmente tienes suerte aunque estés en paro, pero tu vida es tu vida y te duele a ti.
Es como una carrera a lo loco, corres sin rumbo, quieres llegar a algún sitio que tenga la puerta abierta. Mientras escribiré, a ver si se me enciende una bombilla o algo que me de una genial idea.

Esas noches de algunos sábados...


...cuando estás más solo que la una, y no suena el teléfono y no hay mails ni mensajes para una juerga. Tú, muy digno, te propones pasar una fantástica noche de sofá y mantita, bueno mantita con este calor no, de sofá y té, buscando algo medio decente en la televisión. Tú quieres pasarlo bien en la soledad del sábado, piensas -¡qué suerte tengo!- estoy solo, nadie me molesta, puedo hacer lo que me de la real gana, pero esas noches, algunos sábados...sigues estando más solo que la una, y no suena el teléfono. Y la programación no te atrae nada, y te empiezas a agobiar, miras la agenda del móvil por si hay alguien a quien poder llamar...nada. No hay opciones. La otra opción es poner música y leer, mala idea. La música se vuelve melancólica esos días...leer sí, pero es pronto. ¿Qué hacer de diez a doce? Esas horas cuando aún es pronto para mirar la luna, cuando aún no hay silencio en la calle. Escribir cartas de puño y letra nadie lo hace, además ¿a quién diablos se la mandaría?. Pero antes era una fantástica opción a este tipo de noches. A partir de las doce o la una será otra cosa, sales al balcón que te de la brisa y miras al cielo pidiendo un deseo, o dos, o tres, o mil. A ver si alguno se cumple. Y siempre, siempre, aúlla un gato, o ladra un perro. Y la bombilla de la farola parpadea. Siempre.
Estas noches de algunos sábados...

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